Ajedrez

La oscuridad amenazaba la claridad de su tablero,

Donde un peón luchaba por no ceder terreno,

Con un propósito fijo, proteger a la reina del fuego.

No era una pieza noble, ni un altivo caballero, solo un peón en el tablero.

Avanzaba por amor, desangrado por amor, consumido lentamente por la pasión.

Cada casilla era una mentira piadosa y un pozo a la desesperación.

Sangraba lentamente en la batalla imaginando alcanzar aquel amor.

La reina de luz, la reina blanca, promesa de beso con una luz de traición.

Quizá luchando por ella, el peón llegaría a su corazón.

Quizá extinguir el negro le otorgaría una opción.

Pero la reina ya sabía de sus intenciones.

Ella misma había cosechado en los peones sueños e ilusiones.

Falacias, propuestas con el fin de alcanzar sus propias proposiciones.

Ya tenía un rey, una posición en condiciones, no necesitaba de peón roto que avanzaba ahogado en falsas razones.

Peón avanzó incandescente, firme, lento pero seguro.

Se abrió paso en el tablero para asegurar un utópico futuro.

Las torres, los caballeros, sucumbieron al acero más puro.

Aquel forjado por las lágrimas y el amor de un peón con la mente nublada y el corazón mudo.

Finalmente, llegó al final de la apuesta.

Las casillas eran pocas, la reina oscura estaba cerca.

El peón continuó, decidido a su última afrenta.

Acabar con el rey y la reina de la a oscuridad, parecía la respuesta.

La reina oscura percibió una tenacidad sin igual,

De aquel peón que una realidad soñada quería alcanzar.

Ella dio el primer paso, descubrir la razón de esa firmeza inquebrantable era vital.

Cara a cara, peón y reina, el tablero congeló el tiempo transformándolo en un puñal.

¿Qué empuja a un peón como tú a luchar hasta el final? – Preguntó la reina llena de curiosidad.

El peón levantó la cabeza y contestó sin dudar – El amor de mi reina y la pasión de besar.

La reina oscura cambió su expresión y respondió con frialdad: la mentira la envenena, ella nunca te amará, solo otra pieza a la que manejar.

Él, ciego por la ira, no se dejó amedrentar – he sangrado por ella, por asegurar su bienestar, le llevare tu corazón y su calidez me acogerá.

Es mujer de serpientes, reina de falsedad. Estas acabado, te ha enviado a una encrucijada mortal – Respondió ella para sentenciar.

El peón miro a su alrededor, a punto de descubrir la cruda realidad.

Estaba rodeado de piezas oscuras, mientras la reina blanca avanzaba a casillas de distancia con total seguridad.

Su corazón se resquebrajó, efecto de cristal roto al caminar. Lágrimas bañaban el rostro de aquel peón que lucho como nadie por amar, ahora solo veía a esta reina y su oscuridad.

La reina oscura, observó a la desdichada pieza caer derrotada, aceptando un final.

Compañera de su dolor, lo mato por piedad.

Pero antes de terminar, quiso acercarse a su oído parar susurrar.

“Peón blanco, necio consumido por escuchar.

Que los cantos de sirena son dulces, pero amargos al final.”

Por Pelayo
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2 comentarios

  1. Pippo Bunorrotri · mayo 22

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